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16 febrero 2011

Como pétalos de rosa

Martín Gilberto nació delicado, con la voz y los ademanes que la sociedad no le perdona a un varoncito. Jugaba a las ollitas, con carteras y le cosía ropa a las muñecas de la hermana, mejor dicho: “lo único que le faltó para ser marica era que le gustaran los hombres”. Pero no, eso nunca se le pasó por la cabeza, a él le gustaban las niñas, mas tuvo que cargar durante las épocas de escuela y colegio con las burlas de sus compañeros, que lo llamaban polla, floripondio, mariposa y toda clase de denominaciones despectivas que existen para un afeminado.

Después del colegio, sus allegados pensaron que estudiaría corte y cepillado, pero el muchacho se inclinó por los sistemas, hizo un curso de "computadores" y con unos ahorros que tenía se compró un equipo. Puso un aviso en la ventana de su casa que decía: “Se hacen tareas y trabajos por computador”. La gente del barrio lo reconocía por ser un joven muy ordenado y es por esto quizás que consiguió bastante clientela; lo llamaban: “el duro de los computadores”.

Un día llegaron a su casa un par de muchachos reconocidos en el sector por pertenecer a un grupo de esos que operan al margen de la ley, uno de ellos se quedó afuera; el otro ingresó a su casa a proponerle algo a lo cual no se pudo negar, pues estaba amenazada su integridad física y hasta su vida. Le tocó ser eje de las comunicaciones entre el comando central que operaba en algún lugar de la selva y el grupo del barrio, entre los cuales ni uno sólo sabía, siquiera, como encender un computador. El trabajo de Martín consistía en enviar y recibir E-mails, imprimir algunos y entregarlos a los muchachos.

Pronto su trabajo comenzó a ser muy apreciado en la organización, imprimía los mensajes que estaban destinados a los muchachos en papel de colores fondeado con flores y muñequitos, y los correos destinados al comando central, los enviaba con letras de colores, emoticones y animacioncitas. Se convirtió en el vocero de los líderes y se volvió respetado, claro, porque el que se atreviera a volver a tratarlo de “mariquita” se ganaba “la pela”. Comenzó a frecuentar los lugares habituales de reunión de aquella tracamanada de pillos, los hizo organizar “mejor”: a los mal vestidos los mandó a comprar ropa, a los despeinados los mandaba a peinar, a los sudorosos les echaba loción, les corregía lo mal hablado y hasta los puso a brillar los “fierros”. Ellos sin chistar le hacían caso en todo y finalmente lo que la gente del barrio conocía como “el combo de los barbaos”, terminó siendo llamado “LA BANDA DE LOCA”.

Alex Cuervo - Junio 25 de 2008.