Mostrando las entradas con la etiqueta Cuentos - Misterio. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Cuentos - Misterio. Mostrar todas las entradas

20 junio 2010

Misterio

La siguiente viene a ser una serie de textos relacionados con temas de misterio con los cuales he pretendido acercar al lector al apasionante mundo de lo desconocido, claro, y como lo desconocido abarca tantos temas ha quedado la serie inconclusa a la espera de algún patrocinio por parte de una entidad del más allá que quiera mandar algunos pesos para acá y poder continuar con la investigación que llevará a buen término la redacción de este emocionante libro…

* * * * *

Misterio, es una verdad indemostrable que no podemos comprender. Además es la clasificación de algunas películas.



Supersticiones y agüeros

Si se pone roja una oreja, están hablando de uno, o hay que fumigar para que los malditos zancudos dejen dormir en paz.

Si se encuentra una moneda de centavo, guárdela, le traerá suerte siempre y cuando no se chupe los dedos, porque se puede envenenar.

Si un escarabajo revolotea la casa, anuncia visita, si son dos, traerán regalo, si son tres se le cagaron en la puerta.

Cuando chisporrotea la vela o la veladora, es buen agüero. Si además de chisporrotear se voltea y se incendia la casa, es mal agüero. Y si usted no sabe qué es chisporrotear, más de malas.

Una araña de siete patas es buen agüero. Eso sí, no se la vaya a pasar quitándole una pata a toda araña que encuentre porque así no se vale.

Para tener siempre buena suerte llevar consigo una pata de conejo o de venado, la de jirafa es mejor, pero es difícil de cargar.

Si entra a la casa una mariposa negra, mal augurio. Pero lo contrario si usted es entomólogo y el bicho es de una especie rara.

Si cuando se está mirando al espejo, este se rompe, indica que usted debe visitar pronto a un cirujano plástico.

Cuídese de no pasar por debajo de una escalera, sobre todo si el que está trepado en ella es obeso y está borracho.

Cuando una gallina canta como un gallo, indica mala suerte o malas noticias y usted deberá llevar al animalito donde un veterinario.

Apariciones

En la iglesia principal de San Jerónimo se quedó dormido un señor luego de estar rezando toda la tarde. Ya hacia la media noche escuchaba una desgarradora voz que lo llamaba. Se incorporó este señor sobre la banca y vio una extraña sombra que se dirigía hacia él. Temblando del susto exclamó en voz alta: “De parte de mi dios todo poderoso ¿quién es usted y qué desea?”. A lo que respondió la aparición: “Soy José Martín Medina, muerto hace tres años por las incidencias del destino. Deseo que usted o alguien caritativo, que no tenga nada más que hacer, le pague a don Gustavo Pérez, el dueño del deposito de materiales, cuarenta y siete tejas que le quedé debiendo antes de morir, y que me recen una novena, pero de aguinaldos así sea en agosto.

El señor decidió pagar la deuda guiado más que todo por la curiosidad. Don Gustavo recibió con tan buena fe el dinero que le cobró las tejas a precio de hace tres años. El “cucho” no se quedó con las ganas y le preguntó al dueño del depósito que quién había sido José Medina y que por qué le debía cuarenta y siete tejas. Contándole el dueño lo siguiente: “Ese muchacho era Joselito el hijo de don Manuel que el día que se mató estaba subido en el techo tratando de girarme la antena del televisor para ver el partido y se resbaló, cayendo y destrozándome casi todo el entejado… Que muchacho tan bueno hasta en la muerte se acordó del daño y me lo mandó a pagar”.

Cubierta la deuda el ánima de Joselito no se volvió a dejar sentir, porque parece que espantaba mucho a la gente quejándose de fuertes dolores de espalda.

Bebedizos

Un alumno de un colegio internado de la ciudad de Medellín, nacido en la costa, salió como de costumbre un domingo a ver una película. Terminada la “cinta” fue con unos amigos a tomar un refresco. Al terminarlo se sintió incomodo, molesto. Los compañeros pensaron que eran los calzoncillos que llevaba puestos, prestados por un compañero de menor talla. Luego en el colegio, el muchacho se agitaba, sudaba y muy agresivo demostraba ideas de suicidio: tratando de ahorcarse con los cordones de los zapatos atados al cable de colgar la ropa o tragándose una caja de fósforos entera.

Se llamó al médico el cual diagnosticó “burundanga”, pero no la canción de Celia Cruz, sino borrachero o cacao sabanero que llaman. Efectivamente se le suministró una inyección y comenzó a sentirse un olor a la tal burundanga. Una copera se la había echado el la Guaraná Caribe que fue el refresco que pidió el muchacho esa tarde.

El desdichado cursaba el cuarto año de secundaria, perdió sus facultades mentales y jamás pudo terminar los estudios. Últimamente le han visto mendigando en los buses, con dos cucharas tocando la canción de Celia Cruz “BURUNDANGA”.

Curanderos


Hay lugares en el bajo Cauca, en los departamentos de Bolívar y Sucre, donde no admiten a veterinarios ni técnicos zootecnistas con conocimiento claro sobre las enfermedades de los animales. En estos lugares se observa con verdadero estupor como un hechicero se toma un aguardiente doble, se acerca a un animal gusaniento, le hace unos rezos raros, le unta un emplasto de hierbas y van brotando y saliendo los gusanos despavoridos (lo del aguardiente doble yo creo que es opcional).

Otras veces al animal enfermo le dan unos brebajes, le rezan unas oraciones y este inmediatamente saca una camándula, se arrodilla a rezar y luego sigue su vida normal.

Si alguna res muere mientras se le hacen los hechizos, esto significa que habrá carne para varios días.

Talismanes

Testimonio de un hombre que cambió su vida

Mi nombre es Ludovico y tengo 37 años. A principios de este año pasé los peores momentos de mi vida. Había dejado mi trabajo en una empresa de escobas y trapeadoras para montar una empresa por mi cuenta. Yo no conocía el negocio y enseguida empezó a irme mal. Me peleé con mi socio, que además era mi mejor amigo, por una tapa de gaseosa que salió premiada. Las deudas aumentaban cada día y ya no sabía qué hacer. Los acreedores se volvían cada vez más exigentes y yo cada día más desmoralizado. Allí fue cuando empezaron los grandes problemas: me peleaba con mi familia, mis amigos me evitaban, se me llenó la casa de ratones, me sentía solo, derrotado y no me fiaban en la cantina.

Fueron meses tremendos. Una mañana al salir de mi casa mi madre me echó zancadilla, haciéndome caer para luego entregarme un sobre pequeño y me dijo: “Guárdalo contigo, no lo abras, llévalo, olvídate que lo tienes”. Y vaya si me olvidé. Tenía la mente enfrascada en mis problemas económicos. Ese día tenía una cita con un acreedor muy exigente. Temblaba de miedo cuando tuve que decirle que no tenía dinero (yo, no el acreedor).

Pero enseguida él me tranquilizó diciendo que esperaría un mes más, agregó que tenía el presentimiento de que me iba a ir muy bien. Y para que tuviera confianza me prestó quinientos mil pesos para salir adelante. ¡¿Quién creyera?!

Al llegar a mi tienda me estaba esperando un cliente. ¡Y que cliente! Era el dueño del hotel de mi ciudad y quería contratar conmigo todos los pedidos de palillos de dientes, cinta de enmascarar y confites de menta para la recepción. Entregándome un fuerte cheque como anticipo firmamos contrato. ¡¿Increíble no?!

Estaba yo tan contento que salí a caminar. En una esquina compré un billete de lotería. Era la primera vez que apostaba en mi vida, y la ultima porque no agarré ni una cifra. Al llegar a mi casa mi mujer no me trató de “desgraciao” sino que me dijo “mi cielo”, contándome que habían entrado unos gatos a la casa a comerse los ratones y que también se habían metido los ladrones y en vez de robar dejaron un televisor de veintiocho pulgadas.

Una mañana que salía de la casa sentí una traba en el pie derecho, por poco caigo rodando por las escaleras. Era mi madre con su manía de poner zancadilla. Ella me preguntó si “La Oración Vendita de la Divina Providencia” me había ayudado y en ese momento me acordé del sobrecito que me había dado, el que de verdad olvidé. También me acordé que estaba en el pantalón café, que había sido lavado varias veces. Efectivamente el sobrecito con “La Oración Vendita de la Divina Providencia” se deshizo en el bolsillo. Era demasiada casualidad que “La Oración Vendita de la Divina Providencia” no fuera la responsable de mi repentina suerte.

Más tarde mi madre dijo que seguramente el pantalón había quedado vendito debido a “La Oración Vendita de la Divina Providencia” famosa en todo el mundo por llevar salud, felicidad y dinero a los que lo necesitan. Desde entonces no me quito el pantalón a pesar de las manchas y los remiendos, la cremallera trabada, los bolsillos rotos y una bota más larga que la otra. Mi vida ha cambiado completamente. ¡Créanlo!

Encuentros del tercer tipo

El señor Armenio Naranjo Mantequillo registró, hace no mucho tiempo, un misterioso y extraordinario caso de ovnis en la ciudad de Bello. El observatorio astronómico de la ciudad reportó movimientos inusuales aquel día, algo bastante extraño ya que en Bello no hay observatorio astronómico.

En una entrevista publicada en los principales periódicos de la ciudad, cosa también bastante extraña porque en Bello tampoco hay periódicos, el señor Armenio comentó:

En horas de la tarde luego de ver una luz bastante fuerte por la ventana y de escuchar un ruido ensordecedor, vinieron a tocar a mi puerta unos seres pequeñitos, con cara de payaso y celulares de gran tamaño atados a la espalda. Al abrir la puerta sentí un olor muy fuerte a frijoles con garra quemados… Estos hombrecitos, de muy buena manera, me capturaron y me llevaron a su nave que era como una especie de hamburguesa gigante con todo: lechuga, tomate, queso y tocineta…

Luego de varias horas de practicarme innumerables exámenes por todas partes del cuerpo con toda clase de objetos desconocidos, me liberaron no sin antes entregarme un comunicado para todos los habitantes de la Tierra… Cuando llegué a mi casa encontré los frijoles quemados en el fogón y la televisión aun prendida.

El comunicado que me entregaron aquellos seres de otro planeta, en cartulina blanca con letras de periódico recortadas y muy ordenaditas, dice:

“El mundo se va a acabar tarde que temprano”.

Desde aquellos días al señor Armenio se le ha visto recorriendo las mangas del cerro Quitasol con un balde en la cabeza y una escopeta de palo, cuando encuentra a alguien en su camino le habla sobre aquel comunicado y cuenta su historia, pero siempre profesando un odio incalculable hacia los frijoles con garra.