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14 septiembre 2010

Muñecas, Inicios (La idea)

Miércoles 12 de marzo de 2008.

Hacer muñecas se me ocurrió cuando estaba estudiando en la Escuela Popular de Artes (EPA), cursaba tercer semestre y veía “Propuestas” (clase dirigida por la profesora Raquel Múnera). Aunque ya había tenido un acercamiento a esta materia la metodología que aplicaba la profesora fue una especie de detonante para que se me ocurriera trabajar la costura y unirla a mis intereses personales en torno al collage, la recolección y el coleccionismo.

La profesora decía que para la clase siempre lleváramos los materiales suficientes para dibujar, pintar, pegar, grapar, atar, clavar, cortar, etc. Que lleváramos lo que se nos cruzara en el camino al salir para la escuela (un pedazo de cabuya, una lata, una “zanahoria”…). Con estas herramientas y materiales a la mano comenzábamos a pensar en la implicación que tenían en nuestra vida y a intervenirlos de muchas maneras a partir de pensamientos, sentimientos e inquietudes. Generando todo un discurso donde materias, acciones y conceptos se unían en una búsqueda de uno como artista (persona) frente a su vida (espacio, tiempo…) y a su trabajo (propuesta plástica).

Comencé a inquietarme por los materiales de desecho de la cocina (cáscaras, huesos, semillas…) y a imaginarlos mutados, convertidos en algo nuevo que representara fragmentos de imaginación construida a partir de todo lo que he recogido a nivel visual, intelectual y manual en el transcurso de mi vida. Sumándole todo aquello que podía ir aprendiendo a partir de la curiosidad (investigación).

Ya tenía la idea para hacer muñecas, mas me quedaba la incertidumbre de que eso que quería hacer fuera aceptado por la comunidad académica. Sin embargo eran esas ansias de hacer, algo que ya tenía seguro, dándome vueltas en la cabeza y produciéndome mariposas en el estómago, que pensé que si no tenía una buena aceptación allí lo haría mientras iba depurando el trabajo para presentarlo como propuesta plástica.

Fue en una de esas clases cuando por casualidad llevé aguja, hilo y retazos de tela, más otros materiales como cáscaras de plátano secas, cantos de piedra y cabuya, que comencé a notar un fuerte interés por la costura y finalmente recordé que algún día, estando pequeño, mi mamá me enseñó a coser. Ella se sentaba en la cama a remendar la ropa rota, especialmente las medias y yo la observaba poniendo mucho interés en el tarro de las agujas donde podía observar una serie variada de cosas. Cosas de coser, entre ellas botones, brochecitos, hilos de colores, un paquetico de agujas de papel negro con un sellito rojo que tenía letra china y la clásica tijerita que se dobla y tiene cadena para usar como llavero (aun se consiguen y el tarro todavía se conserva en casa). Me enseñó a enhebrar la aguja y a hacer el nudo al hilo, a remendar pequeños descosidos y a pegar botones…

Este recuerdo me hizo reflexionar sobre el trabajo que estaba pronto a realizar, encontré la manera de incluirlo a la propuesta plástica, además porque haciendo un poco más de memoria me di cuenta que aquello fue lo único que mi mamá me enseñó directamente, en un acto conciente y con la intención de que me sirviera de algo para la vida.

11 agosto 2010

Arte, tierra y el juego de las clasificaciones

23 de Mayo de 2007

“Acercarnos al trabajo de Alex Cuervo es permitirnos observar la relación cotidiana con los materiales y el rescate de la tierra misma habitada por lo común. Es un observador silencioso de lo sutil en la rudeza misma de la naturaleza, del hombre de la calle, de la muerte. Coleccionista de detalles, clasifica la curiosidad en asombros; contrarios que se mezclan sin violentarse, marcas que a veces tímidas anidan sus búsquedas”.
Viviana García.

La técnica que empleo parte de lo simple, me inquieta el tipo de observación que los antepasados utilizaban para relacionarse con el medio natural y los modos de operar para sobrevivir. Es un proceso latente que vivo desde lo cotidiano, en la búsqueda constante de la economía y la intencionalidad del material. Tiene que ver con el hombre común, rodeado de elementos factibles de convertirse en estéticos, “me place más la cabuya del tendero que la del gran supermercado”, lo sintético habla de una producción en serie, mientras lo otro de algo directo, vivencial y sentido.

Cuando niño jugar con tierra llagaba mis manos, de ahí la importancia en ellas y de la manipulación para crear en lo simple y lo pequeño, también el sentir la tierra cercana que a la vez abrió puertas a otros universos. El juego aparece como asombro de esos mundos; cuando trabajo establezco la inocencia de jugar como un acto de amor, lo uno y lo otro se entremezclan, lo “feo” que también es “bello”, lo “bello” que también es “feo”; subjetividad que conjuga las dos cosas poetizándolas.

“Aspiro a un arte que esté conectado directamente con nuestra vida corriente; un arte que arranque de esa vida corriente, que pertenezca a nuestra existencia real y sea la emanación inmediata de nuestros verdaderos humores”.
Jean Dubuffet.

El referente más cercano a la obra es Dubuffet, antes que plástico teórico; conocí sus escritos quedando enormemente sorprendido con sus reflexiones hacía la materia, lo cotidiano en lo popular y ese interés suyo por los “valores salvajes”. Después vendría la obra, por la que siento gran admiración, rescato su buen sentido del humor y su depurada técnica. Influenciado por ésta descubro orificios, descascarados, esgrafiados, raspados, aglutinados, craquelados... que, habitados en el tiempo devienen espacios húmedos y derruidos induciendo a estados de ánimo, que influyen en la concepción de imagen imperfecta -evolución incorrecta pero deliciosa-.

Armonizar el espacio y las formas en el gusto por lo natural
El círculo participa en rituales indígenas, no es lineal, atiende al recorrido continuo, se intervienen con él los espacios para acentuar el tono de las formas naturales y miméticas. Son constantes la cabuya, la tierra y la madera, se busca la relación entre lo brusco del material y lo sutil de las formas.

Los afectos participan como formas e inquietudes constantes: bidimensionalmente se recrean imágenes de animales como cromos coleccionables, frustración de la infancia por no pertenecer a una tradición libresca. A la parte tridimensional se suman, de igual forma como inquietudes reiteradas, elementos vegetales que semejan bichos de configuración extraña y fósiles en bloques de tierra, construidos con objetos encontrados; creaciones ficticias mostradas en forma museística, exhibidas en frascos de vidrio y repisas para entrar en juego con el espectador. El interés es siempre, “dejar algo en la memoria”.

La forma del trabajo, surge del primitivo encanto por clasificar: forma humana de estética elemental, basada en la acumulación de elementos con una característica común pero con diferencias marcadas. Clasificar es una necesidad, lectura del arte como fundamento de ordenar el mundo; cuando trabajas se plasman los afectos y seleccionas, coleccionas, las cosas van ahí, miedos y afectos, el gusto por lo sutil y a la vez el equilibrio. Existe un interés por la historia, es placentero conocer el pasado y la forma cómo los objetos se relacionan con el medio, pero es más placentero inventar esa historia, fantasear con los objetos, armarlos, renombrarlos, envejecerlos para que posean aspecto arcaico, incompletos para que parezca que esas piezas que faltan, se hayan perdidas en el tiempo.

El artista debe ser un excelente clasificador para formalizar su trabajo de forma puntual. Es desconfiar de lo aprendido y ponerse en la tarea del hombre medieval de conocer su entorno por sí mismo para enriquecer la obra, que es su vida.

“El poder del hombre no lo ha hecho dueño del secreto del olvido. El artista continua siendo un cautivo de su historia personal, de su presente, de su cultura y su obra, siguiendo su propio camino, que lo destina a la ausencia o a la permanencia en la memoria de los hombres”.
Michel Romiex.

10 agosto 2010

Monstruos (justificación de la forma)

Nací en una cultura que inculca miedo a la naturaleza. “Ese animal pica”, nos decían cuando teníamos contacto con algún “bicho raro”. “Esa mata es veneno”, lo decían cuando teníamos contacto con una planta. Restricciones algo extrañas que reflejaban más los miedos de nuestros padres que los nuestros en el momento de descubrir el mundo. Nos crearon monstruos, crecimos con miedo.

Mi propuesta nace del afán por vencer ese monstruo; ese miedo. El temor por las lagartijas nocturnas me lleva a reflexionar sobre este tema que es todo un concepto (el monstruo), un animal tan “insignificante” que ningún daño podría causar a un ser humano y que habita mi espacio, puede causarme restricciones para transitarlo libremente.

La creación de monstruos siempre ha sido un juego de mi predilección. En mi infancia derretía, con el fuego de una vela, la cabeza de un muñeco de plástico para pegarle la de otro diferente y así crear un nuevo personaje. Esto era lo que más me divertía, el placer que se siente al crear (dominar el monstruo).

Los prejuicios que poseo, inculcados desde la infancia no me permiten abordar la naturaleza sanamente, algo que deseo hacer y que las artes plásticas posibilitan al ampliar los rangos de juego, con las ideas, los procesos, los materiales…

Me interesan los “monstruos” como figuras que hacen parte de la cultura, del pensamiento mítico. Es una creación imaginaria que se encuentra dentro de los límites de lo posible, como construcción que parte de elementos y formas de la realidad, de la naturaleza. Son cualidades de estos: la deformación, el injerto, el remiendo, la materia brusca, la malformación, la baba húmeda, los ojos amenazantes y otros elementos que iré acotando con el tiempo.

Hacen parte de esta obra el color impuro, la mancha, el orificio programado, descascarados, esgrafiados. Todo esto justificado desde mi vida cotidiana: las paredes húmedas de mi habitación.

El gusto por el monstruo lo encuentro en el placer que produce su creación como una forma de juego y su destrucción, que está en las manos de su creador.

Esto parte del interés que caracteriza mi propuesta personal, inquietudes insertas en los conceptos de “Naturaleza y Cultura” como elementos de un lenguaje antropológico que no me es ajeno.

La investigación a nivel matérico y las variaciones que puedan sufrir las técnicas tradicionales con el fin de deformar, son muy importantes ya que permite darle carácter a la obra en torno a la figuración selecta.

09 agosto 2010

ESPACIOS SECRETOS

A Emanuel

“El artista es un cautivo de su historia personal,
de su presente, de su cultura y su obra”
Michel Romiex

En los juegos de infancia existen espacios secretos que sólo se comparten con los amigos. Lugares no muy lejanos, con los cuales se podría construir un mapa al estilo de las antiguas cartografías que representaban espacios reales e imaginarios con seres mitológicos. En un papel engrasado y amarillento podrían verse en colores diluidos, líneas simples y torpes letras: la quebrada, el arrollo de los cangrejos, la cueva del indio, el yacimiento de arcilla, la laguna Libélulas y la madriguera de los conejos.

Nuestros espacios preferidos eran las charcas de agua estancada en pequeñas depresiones de terreno, en el monte. Allí era posible observar las raíces de los arbustos trenzarse hacia lo profundo, gran cantidad de ese moho flotante que le da un aspecto enrarecido al agua y zancudos caminando sobre su superficie con habilidad mágica. Pero lo que verdaderamente era un espectáculo, digno del juego de la observación, eran las libélulas: mirarlas desovar y volar era un sueño constante, perseguirlas para luego atraparlas cuando reposaban sobre alguna rama era un acto heroico.

“Matacaballos”, nos decían los adultos que se llamaban las indefensas libélulas, que porque “con su picadura podían matar hasta un caballo”. Afortunadamente desconfiamos de ésta absurda teoría, que expresa más los propios temores de los padres que los nuestros en el momento de descubrir el mundo. Pero un explorador de su mundo no debe tener miedo, con gran respeto corríamos a atrapar libélulas para observarlas y luego volver a soltarlas. Así fue el comienzo de una relación mítica con un animal y un espacio reales, que se convirtieron en símbolos y por tanto en experiencia estética.

Allí en los espacios secretos los zancudos eran aumentados a tamaños increíbles gracias a la lupa de la imaginación. La libélula era reina, con sus colores metalizados que jamás habíamos visto, nos deslumbraba y hacía más felices. Las raíces de los arbustos se nos antojaban brazos de animales extraños y sus recodos nos hacían pensar en cavernas oscuras y misteriosas aun sin explorar. El moho flotante se convertía en un colchón de verdes fluorescentes, sobre el cual caminábamos cuidadosamente cuando nos hacíamos pequeños.

Me siento afortunado de haber explorado mis espacios secretos, de haberlos llevado a la calidad de símbolos y de poseer aun el interés de reconstruirlos. Para ello hay que organizar, sólo con los amigos, una expedición que podría durar el resto de nuestra vida para reunir mucha información de toda clase y hacer con esta una gran enciclopedia donde lo real y lo mitológico no posean diferencia alguna.

Alguien se preguntará: ¿Después del tiempo, el camino a los espacios secretos de la infancia se habrá olvidado? Y le puedo responder tranquilamente que eso es imposible para aquellos que poseen un mapa que hace parte de la serie: “Cartografía del alma”…

12 marzo 2009

Primero de serie

Desde hace tiempo me doy cuenta que cuándo se elabora una serie, en términos artísticos, la primera pieza (opera prima) es la mejor de todas. Parece ser que esta es la que guarda el principio que les dio origen a las demás. Es una cuestión de fuerza expresiva que no entiendo porqué sucede pero vengo observándolo, por tanto conservo la primera pieza de toda serie que inicio, como parte del archivo personal y referente de los procesos de investigación para trabajos posteriores.

Como ejemplo aquí publico algunas imágenes de “Mi Negrito” que es la primera muñeca que elaboré en pequeña proporción… con tiempo les hablaré de esta serie y seguiré publicando imágenes de “los primeros de serie”.





07 abril 2008

La tabula rasa

La utilización del liencillo en la elaboración del muñeco básico es una analogía del uso de la materia por parte del pintor, tabula rasa es un termino utilizado para el lienzo en blanco, es el punto de partida.


Después de haber hecho varios muñecos con formas y tamaños diferentes, siempre conservando el lienzo como materia primordial, me decidí por una forma y un tamaño básicos que pudieran tener pequeñas variaciones en la posición de los brazos y las piernas, para esto implementé el uso de unas plantillas, las cuales he variado hasta llegar a la que estoy manejando ahora y con la cual me he sentido muy cómodo. Al principio eran dos plantillas que correspondían a cuerpo masculino y cuerpo femenino, pero resultaron un tanto desproporcionados, en especial el masculino y finalmente decidí hacer un intermedio (masculino-femenino) y cuidar las proporciones de los brazos y las piernas.

He intentado trabajar el cuerpo básico con otros tipos de tela y en algunos casos con buenos resultados, como por ejemplo en la utilización de gabardina negra y diferentes colores de dril, pero aparte de haber sido seleccionado por ese vinculo con la materia del pintor, el liencillo es el que mejor se ha adaptado al trabajo.

Véase también:
Muñecas, Inicios(La idea)